DICEN QUE EL PAIS ESTA EN CRISIS, NOSOTROS HEMOS DECIDIDO NO PARTICIPAR EN ELLA
Juan Alvarado L.
La primera vez que escuché esta frase fue de boca de un empresario capitalino de los más exitosos del país, de aquellos que aún en los momentos más graves de la última crisis continuaron obteniendo estupendo resultados. Pero no sólo ha sido a este grupo a quien le ha ido bien en el Ecuador de los últimos años; si revisamos con atención podemos encontrar numerosos casos similares en las más diversas regiones del país y no exclusivamente en corporaciones privadas del sector real. Lo ocurrido con Guayaquil luego de 1992, es uno de los casos que mejor sirven para validar el título del artículo. Las administraciones municipales que se sucedieron desde ese año adoptando un concepto de hacer autonomía al andar, decidieron enrumbar a la ciudad hacia el Siglo XXI y han tenido para ello el respaldo mayoritario de los diferentes actores sociales del medio, entre los que destaca sin duda la Juta Cívica de la ciudad.
Fue precisamente por iniciativa de la Junta que se organizó el primer Encuentro de la ciudad en Puerto Lucía en septiembre de 1999 que concluyó con la suscripción de la Agenda para Guayaquil la misma que en su segundo punto proponía convertir a la región en el principal centro de negocios de la Cuenca sur del Pacífico americano. El camino para alcanzar tal objetivo pasaba por replantear la estrategia competitiva de la ciudad dirigiéndola hacia la venta de servicios especializados, en lugar de tan sólo bienes primario de origen agrícola o pesquero como había acontecido a lo largo de su historia.
Para ello se proponía impulsar el surgimiento de cuatro clusters industriales los cuales en función de las ventajas naturales y adquiridas, se estableció debían ser el de servicios logísticos tanto aéreos como marítimos formados alrededor de un nuevo puerto de aguas profundas en Posorja y un nuevo aeropuerto intercontinental en Daular, el de servicios profesionales asentado en el Parque Tecnológico de la ESPOL y la Zona Franca de la ciudad, y el de servicios turísticos definido por los atractivos turísticos de la región. Pero para que éstos puedan emerger hacia falta mejorar nuestra infraestructura económica entendiéndose por esto contar con un recurso humano adecuadamente preparado, disponer de suficiente capital financiero, tener acceso a tecnología de punta, contar con un ambiente de negocios favorable al desarrollo de la actividad empresarial y que exista una moderna infraestructura física. Sobre estas bases se asentarían las grandes corporaciones multinacionales que interactuando con las firmas proveedoras locales formarían los clusters industriales que competirían con éxito en la economía globalizada.
7 años después nadie puede afirmar que Guayaquil está en crisis, por el contrario la evidencia a mano revela que la ciudad se proyecta hacia el futuro con paso firme. Su infraestructura física ha mejorado notablemente al tiempo que reformas legales le posibilitan presentar un ambiente de negocios mucho más favorable que el de gran parte del país. Estos dos factores resultantes de una gran gestión de las autoridades municipales, permiten afirmar que la ciudad es ya un centro de turismo local, y en muy corto plazo lo será a nivel internacional, particularmente en el segmento de turismo de convenciones.
Al mismo tiempo, noticias recientes revelan que está en camino de configurarse el centro regional de servicios marítimos con la construcción del nuevo puerto en Posorja por parte de inversionistas españoles.
Resta ahora esperar que la ciudad encienda los restantes motores que le permitan escapar de la trampa del subdesarrollo a la brevedad posible, esto es los correspondientes a los clusters de servicios aéreos y profesionales. Para ello, todos quienes hacemos la ciudad –gobierno local, empresa privada, grande, mediana, pequeña, micro, academia y sociedad civil- debemos unir esfuerzos para continuar evitando la crisis y avanzando hacia el progreso. |