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Para referirnos a la historia de la Junta Cívica de Guayaquil debemos ubicarnos en 1987 cuando apareció un reclamo generalizado en los medios de prensa –especialmente en El Telégrafo– y que también se pudo encontrar pintado en las paredes de la ciudad, con algún logotipo o frase que decía “Guayaquil protesta”, contra la desatención que acentuaba el centralismo. Se protestó también contra lo que había surgido desgraciadamente en la Municipalidad de Guayaquil, durante una serie de gobiernos reconocidos ampliamente como catastróficos para el destino de la ciudad.
El Dr. Gómez Lince desde sus actividades en un gremio productivo, en aquel tiempo, redactó un Proyecto de estatuto para una institución de características similares a la Junta Cívica de Guayaquil. La efervescencia de “Guayaquil protesta”, tenía razones de peso y ellas se acentuaron más en 1991, hacia el final del gobierno del Dr. Rodrigo Borja. Así, al terminar el período de Andrés Barreiro en la Presidencia de la Cámara de Comercio, en su último discurso, propone la necesidad de estructurar una Junta Cívica, que sea la voz del reclamo de nuestra ciudad y de nuestro cantón. El Gobernador de la Provincia, Dr. Oswaldo Molestina, toma la idea y convoca a un conjunto de personas, entre los cuales debemos destacar al Primer Presidente de la Junta Cívica, Don Luis Orrantia González, y al Dr. Juan Alfredo Illingworth.
De esa reunión nació entonces, el 27 de Enero de 1992, en la Gobernación de la Provincia, tomando como base el estatuto redactado por el Dr. Gómez Lince, con algunas o pocas modificaciones, la Junta Cívica de Guayaquil. El Acta de dicha reunión es recapitula dicho evento.
Para comprender plenamente la importancia de la fundación de La Junta Cívica y su filosofía, es recomendable referirse a su estatuto. Como su nombre lo indica, es una entidad sensible a lo que requieren la ciudad y provincia, y a los valores cívicos, manteniendo una diferencia permanente con lo que son los organismos formales del poder político en nuestro país. Por esa razón el estatuto de la Junta Cívica indica claramente la prohibición de permanecer en funciones activas dentro de la Junta si se está en el ejercicio de alguna actividad pública.
A comienzos de 1992, el Gobierno pensó que la Junta Cívica debía ser una unidad ejecutora. Luis Orrantia González reflexionó sobre este tema y llegó a la conclusión de que no debía recibir y administrar dinero del Estado, y que su posición debía permanecer contestataria, crítica y asesora hasta el punto en que recibía las visitas de los Ministros de Estado, a los cuales la Junta Cívica convocaba para tratar asuntos palpitantes, de reclamos de la ciudad o de la provincia.
A partir del año 1992, año en que el Ing. León Febres Cordero asume la Alcaldía de Guayaquil, la Junta Cívica baja el perfil contestatario frente al cambio evidente que se dio en la administración municipal. En ese sentido, la actividad de la Junta Cívica comienza a tender más hacia la de un ente a vocación propositiva, así como auspiciante de las iniciativas que de acuerdo a sus estatutos y a las disposiciones de su Comité Ejecutivo y Asamblea, son benéficas para la ciudad. En el plano nacional, sin embargo, la Junta Cívica mantiene su liderazgo intacto durante las permanentes pugnas a favor del respeto a la equidad regional en el país, elemento contrario al régimen centralista predominante.
Ver el Acta Constitutiva de la Junta Cívica de Guayaquil. |